Relacion de sus obras Literarias (Oscar Wilde )
Ejemplo
El principe Feliz :
La estatua del Príncipe Feliz se alzaba
sobre una alta columna, desde donde se dominaba toda la ciudad. Era dorada y estaba recubierta por finas láminas de oro; sus ojos eran
dos brillantes zafiros y en el puño de la espada
centelleaba un enorme rubí púrpura. El resplandor del oro y las piedras preciosas hacían
que los habitantes de la ciudad admirasen al
Príncipe Feliz más que a cualquier otra
cosa.
—Es tan bonito como una veleta —
comentaba uno de los regidores de la ciudad, a
quien le interesaba ganar reputación de hombre
de gustos artísticos—; claro que en realidad no
es tan práctico —agregaba, porque al mismo
tiempo temía que lo consideraran demasiado
idealista, lo que por supuesto no era.
—¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz —le decía una madre afligida a su pequeño
hijo, que lloraba porque quería tener la luna—.
El Príncipe Feliz no llora por nada.
Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.
Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.
Y OTROS
textos de Oscar Wilde
De Profundis — Carta
Ego Te Absolvo — Cuento
El Abanico de Lady Windermere — Teatro,
comedia
El Amigo Fiel — Cuento infantil
El Artista — Cuento
El Crimen de Lord Arthur Saville — Novela
corta
El Cumpleaños de la Infanta — Cuento
El Famoso Cohete — Cuento
El Fantasma de Canterville — Novela corta
El Gigante Egoísta — Cuento
El Joven Rey — Cuento infantil
El Maestro — Cuento
El Modelo Millonario — Cuento
El gigante Egoista:
Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.
Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.
-¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.
Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.
-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él.
Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.
-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él.
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